Cada vez que la ocasión deja verla en paños menores, resurge el alboroto en torno a su constitución, su salud, que en últimas dice de su real realidad. De la mayoría de opiniones que de ella se dice, como de lo que ellas develan de sus autores, lo menos que provocan es risa, que en mi caso asume el tono de carcajada. Y esta sí que resulta harto saludable! Mientras que en algunos otros, lo que se expide es amargura y hiel, y no menos una complacencia que suena falsa. Y no es de extrañar entre estos últimos, que según les vaya en cada ocasión, unas veces la adulan y en otras, de ella reniegan, maldiciendo su catadura. Es cuando más me carcajeo!, como ahora después de los comicios parlamentarios del 9 de marzo del año que raudo parece correr.
Veamos algunos detalles. El que más me llama la atención, y hace que otros aspectos resulten accesorios para este abordaje: La pareja de contrarios que el día de las elecciones coexiste, al tiempo que otro sujeto colectivo se sustrae de aquel.
Me refiero en primer lugar a la disonancia entre el ejército de necesitados que no ocultan sus estragos, jugándoselas para prolongar por unos días, el drama de su subsistir con menos privaciones. En simultáneo, los “mercaderes de la democracia”, la otra faz de los miserables, cargando tulas de billete (ofensa desmedida para toda la sociedad) con la que se le pone precio a la “voluntad” de la horda de menesterosos. Esta burda comedia humana se desata con antelación al día “de los elegidos”, y en plena fecha de realización de ese certamen, ésta alcanza su clímax de perversidad. Para qué más. De este paisaje hacen parte también, quienes sin pertenecer al contingente de los que carecen de lo mínimo, ese día viven su agosto “viviendo” de los “vivos mayores” que, incluye a un sector de los candidatos con sus socios, entre los que descuellan sus padres, hermanos, tíos, tías, cuñados, amantes, y demás. Son prósperas empresas de familia. Y qué?, si son legales! Más también existen los que interferidos en su autonomía, “votan” porque son víctimas re-victimizados, porque “agradecidos” se sienten deudores (…)
La escena aludida se legítima con el imaginario de todos los que a ella concurren, más el resto de la sociedad, incluyendo a quienes votan por voluntad propia, pero que no rehúsan ni denuncian semejante grosería.
Y cómo no contar a los desencantados, con sus particulares razones y matizaciones volubles, con las que justifican su actitud de abstención, que contempla a gente que cambia de opinión de las parlamentarias a las presidenciales.
La diversidad de eventualidades recogida en esta caracterización, de por sí es suficiente para poner en cuestión a la señora democracia reinante en Colombia. Y para nada hemos aludido a las debilidades manifiestas por parte de la institucionalidad misma, que involucra en concreto aquellas directamente vinculadas al proceso electoral: la Registraduría del estado civil, Consejo Nacional electoral, jurados, etc
Y así con todos estas connotaciones: adolescencias, vicios y contaminaciones, fallas estructurales y debilidades manifiestas, amén del reino de las necesidades y su opuesto, los agentes corruptos que comercian con ésta para ganar su elección a los órganos de representación popular y al ejecutivo, con lo que se afecta la dignidad de éstos y se reproduce la degeneración de todo el proceso…
De cuál democracia estamos halando entonces en Colombia? Y no puede uno dejar de reír!!!
Y pensar que las solas elecciones cada cierto tiempo, no es lo que determina que una sociedad concreta viva en democracia. Sea democrática.
Se puede aventurar entonces que, los atributos legitimadores de nuestra democracia, no son lo dominante; son notas parciales, incompletas. Y entre éstas, mencionamos: La formalidad jurídica que ha sancionado procedimientos, señalado responsabilidades, indicado trasgresiones y tipificando sanciones. El crédito, aún deficitario, de algunas autoridades y/o entes parciales. La presencia de órganos independientes de la sociedad civil que vigilan y hacen seguimiento del proceso, lo que se ha ganado en separación e independencia de poderes (que a su vez observa grados de contaminación por interferencias o penetración de la corrupción y formas sutiles de la delincuencia), y la conciencia aún no dominante que han ganado sectores de la sociedad frente a sus derechos, la democracia, observancia de deberes, etc, que para el caso comprende a la opinión independiente de los ciudadanos y su capacidad autónoma de decidir por cuenta propia.
Por esta embrionaria cualificación, y lo que pudiéramos en términos de mediano plazo, avanzar en educación y en gobiernos respetuosos de la democracia (y su fortalecimiento), es por lo que la carcajada que nos suscita las alabanzas a nuestra democracia y los rasgamientos de vestiduras del oportunismo (electoral), encuentra la posibilidad de trocarse en rictus de esperanza cierta! Y esto sin dejar de demandar esfuerzos concertados de todos los demócratas. En serio. Pero sin renunciar a reír!!! Más aún, debemos aprender a reír de nosotros mismos!
No sobra apuntar que el Estado colombiano aún tiene áreas y ordenes en los que no ha consumado su hegemonía, y lo asedian cuerpos extraños que con su actuar, amenazan y erosionan lo que somos en materia de democracia. Muchos de éstos se hallan enquistados en las entrañas mismas del Estado (¿?)
Ramio del Cristo Medina Pérez.
Santiago de Tolú, marzo 14 - 2014